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Jornadas 2008 ihardunaldiak
Si
algo se puede decir de Antonio García Picazo es que es un gran amante
y conocedor del macizo de Montserrat, lo cual quedó claramente
demostrado con su proyección de hora y media de duración, durante la
cual realizó un exhaustivo y detallado recorrido por este macizo de
extraño pero generoso conglomerado. Picazo vivió allí la transición de
los viejos tiempos de kleta y arnés de cordino, a los pies de gato y los
friends, pero a pesar de ello sigue reivindicando la escalada
clásica monserratina que aún sigue practicando a sus 51 años. No le
importan las nuevas modas ni las dificultades extremas, porque como dijo a
lo largo de la proyección, en Montserrat hay vías clásicas para todos
los gustos y dificultades en las cuales se puede gozar y disfrutar a tope.
Residió durante tres años en uno de los refugios del macizo y no le
importaría volver a repetir la experiencia, aunque ahora lo ve
difícil por las ataduras familiares adquiridas a lo largo del tiempo
pasado. En sus comentarios aparecen constantemente expresiones como
"la magia de los colores", "las tonalidades de los
atardeceres", "los tonos románticos" o el "lugar
glorioso", siempre refiriéndose a Montserrat, lo cual nos puede dar
una idea de su pasión por esta montaña. No sólo habló de escaladas
porque además presentó variadas diapositivas de las numerosas ermitas
ubicadas en el macizo, y de algunos de sus moradores, auténticos eremitas
que acaban escalando estas montañas, aunque esa no fuera su intención
inicial al asentarse en ellas. También quiso hacer mención especial a
los numerosos recorridos y senderos que existen por el interior del macizo
y que recomendó especialmente a los que no siendo escaladores, les gusta
la montaña, y como una forma de recorrer este macizo por en interior de
su corazón. En resumen, Antonio García Picazo es un romántico y clásico
escalador de los viejos tiempos, y lo más probable es que nunca deje de
serlo. Su descripción de Montserrta fue excepcional.

Sergio Fernández Tolosa (31. 07. 1974 Barcelona) es
un viajero impenitente con dos cualidades que lo distinguen de la mayoría
de los mortales: viaja solo y en bicicleta. Su proyección sobre los 7
desiertos del mundo, que atravesó en diferentes épocas de su vida,
fue un compendio de fuerza de voluntad, resistencia y supervivencia en
cada uno de los áridos terrenos por los que circuló con su btt. Desde
Australia, donde pagó el pato por su inexperiencia, hasta el Sáhara, con
el que culminó su proyecto, Sergio demostró al público asistente
que en los desiertos se puede estar solo pero también acompañado por
muchos seres vivos que están ahí aunque no los veamos: desde los
animales salvajes hasta los habitantes de cada uno de los desiertos,
personas muy diferentes entre si pero con un denominador común: siempre
acogen al viajero solitario. Da igual que sea en una choza de barro que en
una
haima. Sergio no expone muchas fotos de su bici y sus trastos porque lo
que le gusta es enseñar aquellos lugares por los que transita en
solitario, o las personas a las que conoce mientras duerme en el corazón
de una zona desértica, aparentemente imposible de habitar pero donde una
señora mayor vive con su rebaño de ovejas o cabras. Explica los trucos
para convencer a los guardas fronterizos que no les va apagar por mucho
que le pidan dinero, o qué se siente cuando se prueba por primera vez el
queso de lo mongoles del desierto de Gobi. A todo esto hay que añadir que
lo único que lleva consigo para orientarse es una brújula y mapas, algo increíble
en los tiempos que corren de satélites y gps de los que ya casi nadie
puede prescindir. Esta actitud le da una mayor componenda de
aventura, si cabe,
a cada uno de los proyectos que ha culminado Sergio. El interés que
suscitó este súper viajero de las arenas y las montañas quedó acuñado
por las numerosas preguntas que le hicieron los asistentes a la charla a
medida que avanzaba en sus explicaciones, y la dureza de las pruebas a las
que se sometió quedó bien reflejada en dos cortos pero contundentes
vídeos, en los que se podía distinguir perfectamente el esfuerzo de pedalear
contra el viento, o el avance por pistas inhumanas por donde Sergio pasó
con su bicicleta. En definitiva, poca gente habrá en el mundo que sea
capaz de viajar como Sergio y que viva sus viajes con la misma pasión que
lo hace este súper viajero de lo aparentemente imposible.
Armand
Ballart (9. 09. 58 Barcelona) presentó una proyección dedicada a la
apertura de numerosas vías a lo largo de su trayectoria como
escalador, que incluyó desde Montserrat hasta el Levante. Si bien
el primer macizo ya había sido exhaustivamente descrito por su predecesor
en estas jornadas, Antonio García Picazo, la visión de Armand fue algo
diferente, puesto que nos hizo comprender qué se siente cuando se pasa
por una ruta por donde nunca antes ha subido nadie. Qué hay en ella. Qué
dificultades se va a encontrar quien trate de ascenderla y muchas más
sensaciones que son únicas para el aperturista de las grandes vías
monserratinas. Armand Ballart fue uno de esos escaladores que pudo sentir
esas sensaciones, que una vez abierta una vía, nunca más las podrá
sentir nadie, puesto que ya ha habido un primero que la ha subido antes
que ningún otro. Bellas aristas, enormes placas o largas bavaresas
recorridas por primera vez por este escalador, en el delicado conglomerado
de Montserrat son narradas, concisa pero apasionadamente por el mero hecho
de haber sido el primero en ascender por ellas. Todo ello con el material
de la época, lo que le da aún mayor mérito, y de dificultades
asequibles para cualquier escalador medianamente entrenado, lo que hace
que sus vías sean clásicas de las paredes monserratinas, y a Armand, el
hecho de que su vías sean consideradas clásicas, le gusta porque las
pone al alcance de todos los amantes de este macizo y de la escalada en
general. Después hizo un recorrido por otras zonas menos conocidas de
Cataluña, algo de Riglos, de lo que no quiso poner mucho a pesar de
haber abierto hace pocas semanas una vía con su amigo Toño Carasol, y se
detuvo en lugares míticos de la escalada en roca como Roca Regina,
Terradets o Mont Rebei, clásicas paredes de los años 80 donde se
libraron magníficas batallas que han quedado reflejados en los libros y
revistas de escalada de la época, y grabadas a buril y fisurero en las
propias paredes. Armand fue uno de esos escaladores que contribuyó, con
la apertura de sus vías, a asentar la leyenda de esta verticales paredes
de excelente caliza.
Toño
Carasol (18. 09. 1964) es un escalador maño que con su gracioso acento
aragonés y su sempiterna sonrisa, atrae de forma extraña a quien le
escucha. Trajo una proyección un poco extraña pero nada aburrida, por
cierto, ya que mezclaba la escalada en Riglos con otros lugares del mundo,
lo que le dio un aire diferente a la proyección, al menos respecto a
otras, demasiado encasilladas a veces en un única hazaña, lo que puede
llegar a aburrir la público.
Toño presento sus Riglos desde perspectivas poco vistas, como desde el
aire o en picado sobre el propio macizo 500 metros por encima de éste. Su
condición de habitante del pueblo le coloca en zona privilegiada
para poder obtener estas vistas tan espectaculares. Como asiduo de este
macizo ha escalado en todas sus vertientes, pero también en otros
pequeños macizos de conglomerado que rodean a Riglos, y por ellos y sus
vías, transportó a los asistentes para que supieran que había algo más
que Riglos en los alrededores, algo que no sabe mucha gente, obcecada por
la imponente mole del macizo principal. Preocupado por el estado de las
vías ha participado en la recuperación de muchas de ellas, y ha escalado
también con míticos alpinistas, desconocidos en estos tiempos, pero
auténticos héroes en los momentos en que empezó a surgir la escalada de
dificultad. Con más de 70 años a sus espaldas, algunos de ellos recurren
a Toño para subir el Fire, el Pisón o el Puro confiando en la habilidad
de este escalador alegre y risueño. No es extraño porque además de los
Mallos, Toño ha hecho auténticas hazañas fuera de aquí de las que no
quiere hablar mucho, como ir a Yosemite y hacerse varias vías en
solitario sin conocer el macizo y a la primera que se acerca por allí,
con apenas 28 años, como la Nose en tres días (hay muchas cordadas que
tardan más yendo dos) o la Zodiac en dos día y medio. Cosillas del Toño
que una vez cogió un cordino de 300 metros de largo y un montón de
mosquetones y se hizo de un sólo largo el Pisón por la Carnavalada. Si
se entera su madre, no de deja escalar más.
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Itzuli
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