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Pagasarri, escuela de escalada

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   Desde que tengo uso de razón de la escalada, hace ahora más de 30 años de ello, he conocido vías de escalada en el Pagasarri. Son prácticamente las mismas  que ahora se escalan, excepto alguna que otra nueva, de apertura relativamente reciente. La gran diferencia de estas vías entre el antes y  el ahora, es la forma de hacerlas. Prácticamente casi todas ellas, salvo las clásicas ya abiertas en libre, se hacían en estribos. Posteriormente, algunas de ellas se hacían "tirando de mosquetón" o lo que más tarde se denominó A0. Hoy en día estos conceptos casi han desaparecido, ya que el pensamiento del escalador moderno   no admite   tocar nada que no sea la propia roca. Sin embargo, para llegar a pensar de esta manera, ha habido una importante y rápida progresión  en el mundo de la escalada, lo que se ve en vías que en un principio se hacían en A1, posteriormente fueron A0, y ahora son 6b, como es el caso de la que está junto a la fisura Udaondo, o la Placa Román (que ahora llaman romana). No obstante, las que se abrieron en libre, así siguen haciéndose, como la propia fisura Udaondo, la que está a su derecha, las que recorren el techo por su izquierda y derecha, el dúlfer que está un poco más allá, junto a la Placa de Golos, y la chimenea que está a la derecha de esta última. Todas estas vías se abrieron en origen, en libre, y posiblemente desde abajo, porque entonces el concepto de escalar en top rope, a yo-yo, con cuerda por arriba, etc., etc., ni siquiera entraba en los esquemas de los escaladores de la época. Posiblemente todas ellas se abrieron con bota dura y grande, o con kletas (algo parecido a lo que hoy conocemos como botas de trekking ), e incluso con zapatillas. Del material de entonces ya prácticamente no queda nada: clavos caseros que han durado años y años puestos en sus fisuras; mosquetones de hierro que pesaban tanto que nos hacían torcer el cuello; lazos de cinta de persiana se veían de vez en cuando el algún puente de roca; estribos de todo tipo y condición, sobre todo con peldaños de aluminio que comprábamos sueltos; arneses de pecho primero, y luego combinados con bragueros caseros (algo parecido a los arneses de hielo tipo Troll); las cuerdas las alquilábamos en el Juventus, para lo cual había que hacerse socio. No se conocía el concepto de cinta express, pues se utilizaba un sólo cordino o cinta que se pasaba por el interior de la anilla del clavo, y se ponía luego el mosquetón. El concepto de cinta express es muy reciente respecto de lo que es la escalada en roca.

   Un hecho importante en estas vías de escalada se produjo cuando Miguel Rodríguez (Miguelito) cambió todos los tornillos y sus chapas por cáncamos de 12 mm Ø asegurados con resinas especiales de fijación. Fue un enorme esfuerzo que hizo prácticamente solo, día tras día, hasta dejarlo en unas condiciones de seguridad que no habían existido hasta ese momento. A partir de entonces sí se podía escalar desde abajo, y forzar pasos de ese modo, que hasta entonces era muy peligroso intentar debido a que las chapas que se usaban estaban concebidas para progresar con estribos, no para aguantar caídas importantes. Lo que entonces llamábamos golos (del francés gollot, tornillo) posteriormente lo llamamos buriles o tornillos, y eran eso, tornillos de 8 mm. Ø introducidos en agujeros de 7 mm. Ø. Algunos tenían cuña y otros eran simplemente lo dicho: tornillo de 8 sobre agujero de 7. Los spit, parabolts, etc., son conceptos también relativamente recientes, lo mismo que los cáncamos fijados con resinas.  Las chapas eran caseras casi todas, y a medida que pasó el tiempo, los fabricantes de material de escalada hicieron varios tipos de chapas, entre ellas las recuperables, con las cuales también se escalaba en el Pagasarri, porque todos los tornillos no tenían chapa. Algunos tornillos tenían cordinos de 2 mm. en doble, pero se rompían, lo mismo que algún hueso cuando ello ocurría. Sin embargo, colgarse de ellos suponía un buen entrenamiento, sobre todo psicológico, para cuando ibas a la Roja en Atxarte, en la que durante muchos años los cordinos de los extraplomos del 2º largo, pusieron los pelos de punta a mucha gente. Las chapas actuales son un exageración respecto a las que se usaban hace 25 años, ya que aguantan caídas enormes respecto a las de  aquellos años.    

   Actualmente esta escuela de escalada está relativamente abandonada debido  a que muchos escaladores de las últimas generaciones prefieren conducir más de 100 kms. para ir hasta San Fausto, en Estella-Lizarra, antes que subir al Pagasarri. Ello ha generado una ausencia continuada de escaladores, lo que ha provocado una invasión de la maleza en lugares por los cuales hace años se escalaba habitualmente. Los espinos han invadido también algunas de las repisas por las que se acceden a las vías, y varias de ellas ya no se escalan porque su acceso es complicado, en relación a su altura o dificultad. Varias zonas de estas repisas están totalmente cortadas por los espinos que impiden avanzar por ellas. Por otro lado, se ha producido en los últimos años una circulación bastante continuada de animales domésticos, como cabras y vacas, que utilizan las rocas como refugio, o simplemente para buscar comida. La falta de regulación por parte de las autoridades correspondientes, y la ausencia también de barrera alguna que impida el acceso de estos animales a las repisas, han originado que se hayan propagado los parásitos que habitualmente viven y se propagan en estos animales, especialmente en las cabras. Es prácticamente imposible irse de las paredes del Pagasarri, después de haber escalado  en ellas, especialmente en verano, sin llevarse alguna garrapata a casa. Estos parásitos abundan desde que las cabras, sin control alguno de sus dueños, circulan por esta zona, y es especialmente crítica por la zona central de las paredes, donde abundan en la hierba, o en los propios arbustos y árboles, de los que se dejan caer cuando algún escalador pasa por debajo. Habrá que catalogar las vías como hacen en Escocia con los mosquitos, es decir, graduación y número de mosquitos junto a ésta, para advertir al escalador que llega de nuevo. En este caso, se podría poner el número de garrapatas correspondiente, según la zona de escalada.

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